¿Qué es la teoría triangular del amor? Las siete formas de amar según el psicólogo Robert Sternberg

El poeta y cantante canadiense Leonard Cohen decía que “el amor no tiene cura pero es la cura para todos los males”. Y es que pocos sentimientos han dado tanto que hablar como el amor. Sobre él se han escrito ríos de tinta y aún así sigue siendo complejo explicar cómo se origina y en qué elementos se sostiene para pervivir en el tiempo. Una de las personas que ha dedicado más tiempo a su análisis sido el psicólogo estadounidense Robert Sternberg, quien en 1986 planteó la llamada teoría triangular del amor.

Este profesor de la universidad de Yale ha realizado numerosas investigaciones a lo largo de su carrera en el ámbito de la Psicología Cognitiva y de las emociones. Son muy conocidas también sus aportaciones en el ámbito de la inteligencia (Teoría triárquica de la inteligencia) pero si por algo se ha hecho mundialmente famoso ha sido por esta teoría. Con ella quiso aportar su grano de arena para ayudar a entender este sentimiento tan complejo, que afecta a todos los seres humanos en mayor o menor grado y a sus relaciones interpersonales.

¿En qué consiste la teoría triangular del amor? Para empezar Sternberg señala que el amor está compuesto por tres elementos fundamentales que se manifiestan en cualquier relación de pareja: intimidad, pasión y compromiso. Estos tres elementos o componentes, por tanto, representan las esquinas de una pirámide, en la que la intimidad se sitúa en el punto más alto y el compromiso y la pasión a ambos lados en la parte inferior.

¿Y qué características definen a cada uno de estos elementos? Por un lado, el psicólogo indica que la intimidad hay que entenderla como aquellos sentimientos dentro de la relación que promueven el acercamiento, la conexión entre las dos personas, la confianza, el vínculo, la amistad y el afecto.

Por otro lado, la pasión sería el estado de intenso deseo de unión con el otro. Los sentimientos de la atracción física y el impulso o la necesidad de estar con la otra persona y de tener relaciones íntimas.

Mientras que el compromiso sería la decisión de amar a otra persona y el compromiso por mantener ese amor tanto en los buenos como en los malos momentos.

Pues bien, Sternberg establece que a partir de estos tres componentes y sus diferentes combinaciones pueden ser explicados los distintos tipos de amor así como las diferentes etapas de una pareja. Asimismo, asegura, que una relación basada en un solo elemento será más complicada de mantener que otra asentada en dos o tres vértices de este triángulo.

De esta manera, el psicólogo propone la existencia de siete tipos o forma de amor que vendrían definidos por el peso que tiene cada uno de estos componentes dentro de la relación a los que habría que sumar, por supuesto, la falta de amor cuando no existe pasión ni intimidad ni compromiso. Estos siete tipos de amor serían:

Cariño: Que sería el cariño íntimo que caracteriza las verdaderas amistades, en donde se siente un vínculo y una cercanía con la otra persona (es decir, intimidad), pero no pasión física ni compromiso a largo plazo como pareja.

Encaprichamiento: Es lo que comúnmente se siente como 'amor a primera vista'. Hay mucha pasión pero ni intimidad ni compromiso. Son, por tanto, relaciones superficiales que podrían compararse, por ejemplo, con un romance fugaz. También podría identificarse con el inicio de una relación, donde hay deseo por tener relaciones sexuales pero todavía no ha surgido ni la confianza ni el compromiso.

Amor vacío: Existe el compromiso por estar juntos, pero la pasión y la intimidad han muerto. No sienten nada uno por el otro, pero hay una sensación de respeto y reciprocidad. En los matrimonios arreglados, las relaciones suelen comenzar con un amor vacío. También suele manifestarse en las relaciones de larga duración.

Amor romántico: Las parejas románticas están unidas emocionalmente (como en el caso del cariño) y físicamente, mediante la pasión, pero no en el compromiso de estar juntos. Por ejemplo sería un amor de verano o relaciones de muy corta duración. Es también el tipo de amor más popular, el que ha inspirado más libros y películas y, obviamente, podría acabar por integrar el compromiso con el paso del tiempo.

Amor sociable o de compañía: Se encuentra frecuentemente en matrimonios y relaciones duradera en los que la pasión se ha ido, pero hay un gran cariño y compromiso. En muchos casos, la convivencia, los hijos y las experiencias juntos son la base para mantenerse unidos. Se trata de un amor más fuerte que el cariño, debido al elemento extra que es el compromiso.

Amor fatuo o loco: Se da en relaciones en las que el compromiso es motivado en su mayor parte por la pasión, sin la estabilizante influencia de la intimidad. Puede producirse porque los miembros de la pareja quieren estar juntos, pues existe el deseo y la excitación de vivir experiencias íntimas pero, sin embargo, no tienen muchas cosas en común.

Amor consumado: Sería la forma completa del amor también llamada amor maduro. Representa la relación ideal a la que todos aspiran pero que aparentemente pocos alcanzan. Sternberg señala que mantener un amor consumado puede ser aún más difícil que llegar a él. Enfatiza la importancia de traducir los componentes del amor en acciones porque “sin expresión hasta el amor más grande puede morir”. El amor consumado puede no ser permanente.

«Una relación afectiva con personas que no pertenecen a nuestra tribu emocional, es un seguro de sufrimiento garantizado»

A pesar de comunicarnos en un mismo idioma muchas veces las personas no logramos entendemos. ¿A qué se debe? En su libro Las ruedas dentadas, pequeños cambios para grandes cambios (Vivelibro, 2020), la doctora y psicoterapeuta Marisa Navarro explica que todos, sin excepción, pertenecemos emocionalmente a una tribu y ésta es la que define que compartamos (o no) un mismo lenguaje emocional con los demás. Pero, ¿de qué factores depende formar parte de una u otra tribu?, ¿Cómo condiciona esto nuestras relaciones personales con pareja, amigos, familiares y conocidos? Y lo más importante, ¿es posible empatizar con alguien que no pertenece a nuestra misma tribu emocional? De todo ello charlamos en esta entrevista con la doctora Navarro.

¿Cómo definiría en pocas palabras el concepto ‘tribu emocional’?

Todos pertenecemos emocionalmente a una tribu. Por una parte, esto parece venir marcado en nuestros genes, y por otra se va creando esa pertenencia en nuestros primeros años de vida. Y además nos dejan en el mundo, teniendo que convivir con personas pertenecientes a otras tribus emocionales. Seres que no hablan el mismo idioma emocional que nosotros, y por eso nos cuesta tanto entendernos con ellos. No hay forma. Y no nos lo explicamos. Porque por mucho que lo intentemos, es imposible. Los lenguajes emocionales de las distintas tribus son tan diferentes, que no hay manera de comprenderlos, ni de entenderlos.

Recomienda elegir siempre a personas de nuestra misma tribu para las relaciones más íntimas pero, ¿cuáles son las claves para reconocer que la otra persona pertenece a nuestra tribu? Porque muchas veces, sobre todo en los inicios de las relaciones, hay personas que pueden mostrarnos otra cara.

A veces nos ocurre que nos sentimos atraídos por personas de otras tribus emocionales, y si esto es así, sería positivo que lo supiéramos y lo tuviéramos muy claro. Y, sobre todo, que asumiéramos que él o ella pertenecen a otra tribu, por lo que tenemos que aceptar como son ya que queremos estar ahí, e indudablemente alguna compensación estamos recibiendo. Nadie hace nada de lo que no obtenga un beneficio, lo que ocurre es que en muchas ocasiones no lo identificamos.

Pero sobre todo, si no queremos sufrir, lo que tenemos que hacer es no querer cambiarlos, es decir, no intentemos que hablen nuestro lenguaje y respetemos el lenguaje que ellos hablan. Tenemos que tomar conciencia de que están en la misma situación que nosotros , “no nos entienden”. Y también nos cuesta mucho aceptar que no nos entiendan.

Cuestión distinta y que también veo con demasiada frecuencia en consulta, son personas de diferentes tribus emocionales formando parejas, y sin entenderse desde el primer momento que se unieron. Demasiadas veces se elige inadecuadamente. Y sé muy bien que uno no elige de quien se enamora, ni a quien se ama. Pero todo necesita un proceso de conocimiento, incluso el enamoramiento, y tenemos que observar bien y estar atentos en lo posible, cuando estamos en dicho proceso, observemos la presencia de signos o señales que nos están informando de que esa persona tiene poco que ver con nuestra forma de pensar, de sentir o de actuar. Si vemos detalles que nos hacen tomar conciencia de que no se orienta por los mismos valores que nosotros, quizá sería bueno que frenáramos y nos diéramos un poco más de tiempo y de conocimiento, antes de implicarnos emocionalmente con una persona que no pertenece a nuestra misma tribu emocional.

Cuando uno está enamorado, lo primero que se nubla es la razón, y el no darnos cuenta o autoengañarnos acerca de cómo es realmente esa persona forma parte del enamoramiento, llegamos a estar enamorados de la idealización que hemos creado en nuestra mente, más que de la verdadera persona en sí. Pero a pesar de ello siempre hay señales que nos pueden hacer saltar las alarmas, y sería importante que estuviéramos atento a ellas. Involucrarse en una relación afectiva con personas que no pertenecen a nuestra misma tribu emocional, es un seguro de sufrimiento garantizado.

Empeñarnos en vivir en pareja con alguien que no pertenece a nuestra tribu emocional, ¿es una condena clara al fracaso o hay posibilidades de conseguir una buena convivencia?

Podemos tener relaciones gratificantes con personas muy diferentes a nosotros, culturalmente diferentes, socialmente, económicamente, con estilos de vida bien distintos. Pero prácticamente siempre sufriremos en una relación íntima con personas de otra tribu emocional. Básicamente sus valores son otros, y no coincidir en valores, agrieta desde el principio una relación afectiva, por mucho respeto y aceptación que uno le quiera poner. No todo se soluciona poniendo de nuestra parte.

Sé que esto puede despertar mucha controversia, pero mi experiencia de muchos años en consulta me lleva a estas conclusiones. Eso no quiere decir que no compartamos, seamos amigos, o nos relacionemos con los de tribus emocionales diferentes, por supuesto que sí, y que aprender de las diferencias es de las cosas que más nos enriquecen y nos hacen crecer. Pero cuando hablamos de intimidad, del día a día, de elegir una pareja, o una amistad muy cercana con la que vamos a compartir muchas cosas, pertenecer a la misma tribu emocional, saber que vamos a defender los mismos valores en la relación del uno con el otro, en la forma de afrontar la vida juntos, o en la educación de nuestros hijos, es algo casi absolutamente fundamental.

La familia no la elegimos y es muy probable que dentro de ella tengamos que relacionarnos con personas de distinta tribu emocional. ¿Cómo podemos evitar los conflictos para que las relaciones sean fluidas?

Siempre tenemos que convivir con personas de otras tribus, y muchas veces pertenecen a nuestra misma familia, padres, hermanos, hijos, o son nuestra pareja, y a las que aunque no entendamos, tenemos que hacer todo lo que podamos por tener la mejor relación posible. ¿Y cuál es la fórmula entonces para tener la mejor relación posible? Como siempre, la aceptación. Tenemos que aceptar a los demás como son, aunque no los entendamos, ni comprendamos, y aunque no tengan nada que ver con nosotros porque pertenecen a otras tribus emocionales, y algunas muy lejanas. Y lo más importante de todo, lo que no debemos olvidar, es que no tenemos que intentar cambiarlos. Aceptemos que no podemos cambiar a nadie. Si lo intentamos, gastaremos una cantidad ingente de energía y no conseguiremos nada. Y si lo consiguiéramos, si el otro cambiara algo por nosotros, y si esto que cambia es importante para él, creará rencor y resentimiento hacia nosotros por ello, y más tarde o más temprano se volverá en nuestra contra. Así que mejor que no lo haga, nunca nos lo perdonará y nos estará siempre pasando factura por ello. Aceptar a los demás como son, es una cuestión de respeto.

¿Cuáles son las principales herramientas que tenemos en nuestras manos para empatizar con una persona que no pertenece a nuestra tribu emocional y con la que no compartimos puntos de vista pero con la que tenemos que relacionarnos de forma frecuente?

En dos palabras, aceptación y respeto. Después somos libres para decidir si nos acercamos o nos alejamos. Aceptarlos como son, no quiere decir que tengamos que estar cerca de ellos si no lo queremos así. Solemos mirar todo desde nuestro punto de vista, y siempre pensamos que nuestra forma de hacer las cosas, pensar o sentir es la correcta, la adecuada o la mejor. Y así suelen pensar los de nuestra tribu, pero no los de otras tribus, que piensan, sienten y hacen otras cosas, y también creen que esa es la forma correcta, adecuada o mejor de hacerlas. Y ahí surgen los conflictos, pues nuestros prismas son distintos. Y llega la bíblica historia de “la Torre de Babel”, todos hablamos idiomas diferentes, y caemos en la incomunicación y la soledad. Dos aspectos que hacen sufrir mucho al ser humano.

En muchas ocasiones nos sentimos frustrados, nos enfadamos, y creamos todo tipo de sentimientos negativos, precedidos de los correspondientes pensamientos negativos, y con las acciones correspondientes, cuando otros no piensan, sienten o hacen como nosotros. Esto no es justo. Nadie es igual al de al lado, y todos pensamos, sentimos y hacemos las cosas de manera diferente, porque somos distintos, únicos y singulares. Y esto es lo interesante de las relaciones, que aceptemos nuestras diferencias y aprendamos de ellas.

Solemos enfadarnos con los demás porque no son, y no reaccionan ante el mundo como lo haríamos nosotros. Pero esto no deja de ser un punto infantil de nuestra personalidad, ya que aceptar el desacuerdo y aprender de él nos hace seres evolucionados y empáticos. Y hay algunas cuestiones que tendríamos que plantearnos, ¿y una de ellas es por qué nos molesta tanto la gente que no piensa, siente y actúa como nosotros? Fundamentalmente nos molestan porque son diferentes, y ese es el principal motivo. Y aquello que es distinto y no conocemos o no manejamos, nos resulta incómodo. Requiere un esfuerzo por nuestra parte el conocimiento de lo diferente, y siempre tendemos a la comodidad, pero cuando nos atrevemos a hacerlo, a conocerlo, siempre lo solemos agradecer, y mejoran nuestras relaciones y nuestro universo en general, aunque no lleguemos a pensar, sentir y actuar como ellos. El conocimiento nos acerca al respeto y a la aceptación de los que no pertenecen a nuestra misma tribu.

Olga Córdoba, psicoterapeuta de pareja: «A partir de los 60, el sexo se puede vivir con la misma pasión y actitud vital»

En la actualidad el edadismo es la tercera causa de discriminación en el mundo después del racismo y el sexismo. Por supuesto, esta actitud también afecta a la sexualidad de las personas mayores, un tema tabú para la mayoría de la sociedad. Según el estudio Seniors, pasión y sexo - realizado por Pikolin con motivo del lanzamiento de su campaña Injubilables que busca acabar con los estereotipos por razón de edad-, el 78% de la llamada Generación Boomer (mayores de 60) se sienten silenciados en temas como la pasión, el sexo o las relaciones, 8 de cada 10 piensa que "a la gente joven le da vergüenza que nuestra generación hable de sexo" y el 89% afirma que las generaciones más jóvenes subestiman sus vidas sexuales.

Sin embargo, según la misma encuesta sociológica, para dos de cada tres personas de más de 60 estos temas son igual o más importantes que hace unos años, el 68% confiesa que disfruta del sexo en igual o mayor medida que antes y el 91% defiende que, con la edad, en el sexo se prefiere la calidad a la cantidad. De todo ello hablamos con la doctora Olga Córdoba, psicoterapeuta especializada en terapias de pareja.

¿Por qué se invisibiliza el sexo a partir de una determinada edad?

En esta discriminación de las personas mayores y el sexo también hay una gran parte de discriminación a causa de género. Socialmente está bastante integrada la falsa creencia de que con la llegada de la menopausia y la pérdida de la fertilidad también acaba la vida sexual y nada más lejos de la realidad. Es verdad que hay cambios físicos, tanto en la mujer como en el hombre, pero incluso aquí hay también algo de género porque los hombres también tienen un declinar hormonal o andropausia y no se habla casi de ello. Este declinar hormonal que puede hacer que requieras adaptarte a otra intensidad pero no quiere decir para nada que disminuya el deseo sexual.

Según el estudio Seniors, pasión y sexo, el 89% de las personas mayores de 60 cree que a la gente joven le da vergüenza hablar de sexo con ellas. ¿Qué tiene que cambiar para que que este diálogo se produzca y se normalice?

Los jóvenes suelen tener una sensación al hablar de sexo como de algo prohibido porque inconscientemente les lleva sus padres y a sus padres no los ven como personas potencialmente erotizables y sexuales. Tienen un bloqueo. Esto se podría cambiar con educación sexual con los hijos desde muy pequeños, normalizando el tema de la sexualidad para que deje de ser un tabú.

De hecho es habitual que a un hijo le cueste aceptar que su padre o madre pueda rehacer su vida tras enviudar o tras una separación después de muchos años de matrimonio.

Esta creencia está en la calle. Que para las personas de una determinada edad es muy complicado que puedan rehacer su vida y volver a empezar. Y también es falso. Si alguien tiene actitud vital y mantiene la ilusión por vivir puedes volver a empezar muchas veces y a cualquier edad. Pero sí es verdad que la gente joven les ven en esa etapa de ‘pasado el ecuador de la vida’ y dan por hecho que las personas han cumplido todos sus objetivos e ilusiones y ya solo les queda dejarse llevar. Para nada. Se puede volver a empezar, vivir con pasión y actitud vital a cualquier edad.

El estudio lo deja claro. Para 2 de cada 3 personas de más de 60 los temas sexuales son igual o más importantes que hace unos años y el 68% confiesa que disfruta del sexo en igual o mayor medida que antes. ¿Cómo es el sexo a partir de los 60? ¿En qué aspectos se modifica y en cuáles mejora respecto a edades más cortas?

Los resultados son claros y sorprendentes. El sexo en mayores de 60, pasado el ecuador de la vida, sigue siendo importante, el deseo sexual se mantiene pero es verdad que es un sexo no tan rápido, precipitado, es una sexualidad más sensual. Aquí el cerebro se transforma en el órgano principal de la sexualidad a estas edades. La ternura, el cariño, la proximidad, la confianza, la intimidad... Todo esto es lo que erotizan las personas mayores. No es tanto lo físico ni algo tan intenso y rápido como cuando eres joven. Es más lento, más cálido pero no menos intenso en el sentido de lo que sientes. Mucho más sensual.

Es cierto que hay personas que pueden tener limitaciones físicas por enfermedades cardiacas u otras dificultades que aparecen a estas edades. Y bueno, te adaptas a estos cambios físicos y adaptas tu sexualidad a ello pero no disminuye el deseo. Es más, un altísimo porcentaje de personas están muy satisfechas con su sexualidad y eso se refleja en el estudio. Muchas mujeres, de hecho, descubren el placer sexual a partir de estas edades. Por un lado, desaparece el temor que muchas han sufrido durante mucho tiempo a embarazo y por otro, son personas mucho más satisfechas, mucho más seguras, con una confianza mucho mayor en sí mismas. Y acercarte a la sexualidad desde esa tranquilidad, esa escasa necesidad de controlar nada sino de dejarte llevar les hace disfrutar muchísimo. Está demostradísimo, además, que es en esta etapa cuando las personas nos sentimos más plenas, realizadas profesional y personalmente, y más descargadas de obligaciones familiares.

Cuando una idea cobra fuerza es normal que los propios afectados la ‘normalicen’. ¿Qué le diría a todas aquellas personas mayores de 60 que tienen miedo a vivir su sexualidad de una forma plena?

A las personas mayores que se dan un poco por vencidas en esta faceta de la vida más amorosa o sexual, les diría que se coloquen un poco las gafas de principiantes respecto al amor y el sexo y que experimenten como si empezaran de cero a ver qué pasa. Muchas personas a esa edad dicen ‘es que hace tanto que no tengo relaciones que es imposible’. Pues no es imposible, el despertar sexual aparece a cualquier edad. Es verdad que en estos momentos de la vida es necesario para que en ese despertar sexual haya también un despertar amoroso, que haya un sentimiento, una emoción... Pero si existe la posibilidad de sentir algo especial por alguien verán como van a despertar sexualmente sin ningún problema.

¿Por qué cree que se vende la idea de que las personas según avanzan en edad pierden el interés por el sexo cuando los datos reflejan que los y las senior quieren practicar sexo?

Pues porque estamos en una sociedad donde lo viejo se tira, donde no sirve, donde descartamos valores como la experiencia de vida, el recorrido, la madurez. Todo esto no se valora y cambiamos constantemente, queremos inmediatez y rapidez, vivir como mas rápido. En cambio, las personas mayores aprenden a vivir con una intensidad diferente, a otro ritmo, sintiendo todo mucho más despacio y esto no se valora.

¿Se le da más importancia al vínculo sentimental cuando se practica sexo a una edad madura?

En general, conforme avanzamos en edad, no solo en la sexualidad sino en la vida emocional en general, tendemos a necesitar más vínculos, más cariño, estamos más sensibles... Y a nivel sexual ya no es esa necesidad física que a veces se impone sino que el despertar sexual y el afrodisiaco a esas edades es el amor, el sentimiento y la emoción. Obviamente, también se puede tener sexo solo por sexo pero es más difícil.

Patricia Ramírez: «En una crisis lo primero es buscar la fuerza interior en aquello que dé sentido a nuestra vida»

¿Quién no ha sufrido alguna vez una crisis personal en sus propias carnes? La pérdida de un ser querido, una separación o ruptura de pareja, un despido laboral... Nadie está libre de pasar por una. Partiendo de esta premisa la psicóloga Patricia Ramírez acaba de dar forma a Somos fuerza (Grijalbo, 2021), un libro repleto de historias de personas - entre ellas, la propia autora- que han sabido vencer a la adversidad y que ahora quieren convertirse en punto de referencia y apoyo a los que también pasan por un bache.

Tras treinta años de experiencia, diez libros a las espaldas y convertida en una de las mejores divulgadoras de la Psicología en redes sociales como @patripsicologa - cerca de un millón de seguidores dan buena fe de su capacidad comunicadora-, Ramírez asegura “que nuestra manera de enfrentarnos al dolor, a la pérdida, a los problemas o a la propia aceptación de lo que no es recuperable, puede ser muy distinta si aprendemos a gestionar la adversidad desde la solución en lugar de sumirnos en el estado de "draque" (drama y queja). Porque hay pérdidas que son la crónica de una muerte anunciada, contra las que no podemos hacer nada, pero siempre nos queda la manera de decidir cómo vivirlas”. De cómo vivir y superar cualquier crisis charlamos en esta entrevista exclusiva con 20Minutos.

Somos fuerza nace como una propuesta de su editorial para escribir un libro dirigido a afrontar la crisis de la pandemia. Sin embargo, rápidamente se dio cuenta de que quería que versara sobre las crisis en un sentido más amplio. ¿Por qué este giro?

A mí me gusta divulgar y con la divulgación, ayudar e inspirar a quien lo está pasando mal. Me pareció que sí, que la pandemia era un momento de crisis que nos estaba afectando a todos pero que, en general, todos tenemos más de una crisis que atravesar en nuestra vida. Hacer algo exclusivo para la pandemia estaba bien pero ya que iba meterme en un libro, que siempre es algo complicado y laborioso, prefería ampliarlo para que cualquier persona que atraviese una crisis ya sea ésta fruto de una pérdida de trabajo, o de un duelo, de una separación, de un conflicto personal o, incluso, una crisis existencial tuviese herramientas prácticas con las que salir de ella.

El libro tiene como motor la recopilación de experiencias de crisis vividas por terceras personas pero también por usted misma. ¿Le ha costado mucho rebuscar en tus propios momentos vulnerables?

No me ha costado porque yo siempre digo que soy una persona que llevo mucho trabajo conmigo. Soy muy consciente de cuáles son mis partes vulnerables y cuáles son las crisis por las que he atravesado en mi vida. Igual las crisis pequeñas no las recuerdo porque tengo mucha capacidad de resiliencia pero las grandes las tengo muy claras. No me ha costado rebuscar en ellas pero sí me ha costado medir hasta dónde compartía y hasta dónde no porque hay veces que cuando compartes de más involucras a otra persona. Y aunque ésta no se haya portado bien contigo pero no tienes por qué hacerlo.

Explica también que lo que ha ido enseñando a sus pacientes a lo largo de estos años se lo ha ido aplicando a usted para salir de crisis muy difíciles. ¿Es complicado hacer este ejercicio?

Yo estudié hace treinta años y la terapia psicológica ha cambiado radicalmente respecto a lo que se hace ahora. En el momento en que yo descubro lo que se llama terapias de tercera generación, que van enfocadas a aprender a convivir con tus emociones, a dejar que las cosas fluyan, que tienen un ritmo pausado con la vida, que están relacionadas con la meditación, con los procesos de aceptación, con la autocomplacencia... para mí fue como ver la luz en muchos sentidos tanto como terapeuta para mis pacientes como con la propia exigencia y esfuerzo que yo ponía en mi vida. Esto cambió todo, mi forma de trabajar, la forma de relacionarme conmigo, de educar a mis hijos...

El título es muy revelador e insiste en que todos poseemos esa fuerza para superar una crisis pero cuando ésta se nos atraganta como puede estar pasándonos con la de la pandemia que parece que nunca acaba, ¿de dónde podemos sacar esa fuerza?

Aunque se nos atragante esa crisis tenemos que poder porque no existe otra alternativa. Si hubiera una alternativa como puede ser la huída o una marcha atrás o volver a repetir la historia todo el mundo la elegiría. Pero cuando tienes un punto de no retorno y es que estemos donde estemos en el momento de la pandemia solo nos queda caminar hacia delante, tenemos que plantearnos, primero, que no tenemos otra y cuando no hay un plan B sino solo un plan A donde hay que tirar hacia delante y sacar lo mejor que podamos de esta situación, también nuestro cerebro se enfoca en ese tipo de soluciones. Por eso digo en el libro que lo que va en contra de nuestra fuerza interior es ese “draque”, ese drama y esa queja. Que tenemos razón en que esta situación es injusta, en que no nos tendría que haber tocado vivirla, que hemos perdido gente por el camino... Sí, claro que sí, pero estar hablando todo el día de ello no va a hacer que eso vaya a cambiar. Por tanto, a modo de alivio, alguna vez quejarnos y drama bien, pero cada vez que nosotros ponemos la atención en ese drama y esa queja quitamos atención, vitalidad, fuerza de poder andar hacia adelante.

Entonces, lo primero que tenemos que buscar para sacar esa fuerza interior es nuestro propósito en la vida. ¿Yo para qué tendría en este momento que reinventarme? Para dar de comer a mis hijos, para volver a disfrutar de un trabajo más apasionado... Tú tienes que encontrar tu ‘para qué’ en la vida con tu propósito. Una persona muy inspiradora en este aspecto es Victor Frankl (autor del best seller El hombre en busca de sentido), un psiquiatra que estuvo en un campo de concentración, sobrevivió y cuando se dio cuenta que sus padres, su mujer, su hijo estaban muertos decidió que su propósito en la vida sería ayudar a otras personas a encontrar el suyo. Por eso, todos a pesar de nuestras desgracias tenemos que buscar nuestro propósito, algo que dé sentido a nuestra vida.

También son muy importantes para encontrar nuestra fuerza interior cosas como muy básicas. Cuando tú estás en una crisis donde te encuentras en un caos, en esa inseguridad dejas de hacer cosas para las que crees que no tienes tiempo, para el autocuidado: tu actividad física, dedicar horas al sueño, meditar un rato, cuidar tu alimentación, tener tu tiempo... Pero cuando dejas de hacer eso todavía desestabilizas más tus emociones, y si tú no encuentras un estado de serenidad y de aceptación, no podrás empezar a buscar soluciones y a tener energías para salir de la situación. El autocuidado tiene que estar para hoy no para cuándo tenga tiempo porque que es en ese estado emocional el que va a ayudar a sobreponernos.

¿Tiene la sensación de que durante este último año se ha fomentado demasiado el ‘somos fuertes’ o ‘nosotros podemos’ limitando la capacidad de sentirnos mal y de que afloren los sentimientos negativos? ¿Hasta qué punto puede ser esto perjudicial darles la espalda?

No podemos dar nunca la espalda a estos sentimientos y en el libro hago una crítica muy feroz a todos los gurús de la motivación que no hacen más que trasladarnos que nosotros solo somos actitud, que nuestra actitud sirve para todo, que no tenemos techo, que podemos superarnos constantemente, que la actitud la controlamos al cien por cien... Yo creo que esto más bien viene de redes sociales y de gurús que por una frase esplendorosa y magistral parece que te van a cambiar la vida y no es así. Porque con este tipo de frases o mensajes lo que trasladamos es todo lo contrario: culpabilidad y frustración porque la gente no se ve capaz de cambiar las cosas y de responsabilizarse al cien por cien de su futuro y su destino porque además eso es imposible.

Trasladar esos mensajes me parece poco empático y muy injusto porque no puede tener la misma actitud una persona que vive de una manera holgada, con una reserva financiera, que tiene un ordenador para cada uno de sus hijos... que otra persona que comparte un ordenador con todos los miembros de su familia y que no llega a fin de mes. Pídele a esa persona actitud, esa persona lo que te manda es al carajo porque no tiene para comer. Hay que tener mucho cuidado. Que un speaker privilegiado que gana un dineral por una conferencia esté trasladando que todo es actitud al que no llega a fin de mes es desconsiderado y hasta de mala educación. Estos mensajes son muy dañinos.

En la presentación del libro dice ‘es más sensato aprender a convivir con la adversidad que estar siempre deseando que no se cruce en nuestro camino’. ¿En general somos una sociedad que se ha acostumbrado a la idea de que debemos tener una vida perfectamente controlada?

En general, el concepto de superwoman y de multitarea ha hecho mucho daño porque nos hemos educado en que teníamos que ser buenos y exigentes en todo: buenas parejas, madres maravillos