Licencia para matar: La lucha contra el tabaquismo y las presiones de la industria

El autor de esta investigación, el periodista Carlos Escolà, ha explicado a la Agencia EFE que su relato describe con detalle el “cambio cultural” que ha supuesto en España las leyes regulatorias contra el tabaquismo, que han permitido en la última década que sean espacios libres de humo desde restaurantes a zonas de trabajo.

El libro denuncia las “malas prácticas” de la industria de la nicotina, que durante años no informó explícitamente a los consumidores que los cigarrillos generan adicción e importantes enfermedades, pues el tabaco provoca cada año la muerte prematura de entre cinco y seis millones de personas en todo el planeta, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“Licencia para Matar”, que sale a la venta coincidiendo con el Día Mundial Sin Tabaco, 31 de mayo, es una investigación periodística de siete años que ha culminado en una obra de cuatro extensos capítulos: “El origen del mal” (la historia del tabaco) , “La mayor conspiración civil de la historia” (los documentos desclasificados de las tabaqueras), “España legisla contra la epidemia” (las regulaciones y el lobby) y “Los enfermos claman justicia” (las demandas de los fumadores enfermos contra las tabaqueras).

El primer capítulo resume la historia del tabaco, desde su “descubrimiento” en América hasta la privatización de Tabacalera, con anécdotas como la bula papal que prohibió por primera vez fumar en España a principios del siglo XVII, en concreto en las iglesias de Sevilla, o que los bandoleros del siglo XIX fueron los auténticos “hombres Marlboro”, pues ellos pusieron de moda los cigarrillos en detrimento del tabaco esnifado.

Dos personas enmascaradas fumando

EFE/ Mario Guzmán

El segundo apartado analiza el centenar de documentos extraídos de los “cigaretts papers” que hablan de la “macabra” estrategia de las multinacionales en España, en donde maniobraron para cambiar el cultivo y que el consumo pasase del cigarrillo negro a un rubio americano con más nicotina, así como su papel para crear la patronal española del tabaco, los “topos” que introdujo en la universidad española para generar presión o cómo directivos de Tabacalera trabajaron como “lobby” para compañías como Philip Morris.

Esta investigación periodística revela así hasta un centenar de documentos desclasificados en los litigios de los EEUU de las multinacionales tabaqueras sobre su actividad en la Península, en los que se aprecian todo tipo de presiones a instituciones, partidos y representantes de la sociedad médica para evitar o posponer las regulaciones y seguir ampliando el negocio de la nicotina.

El tercer capítulo se centra en la actividad legislativa y regulatoria para frenar el consumo de tabaco, el papel favorable de la Casa Real para frenar el tabaquismo y la lucha de los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero ante las presiones de la industria, que cuenta con los mejores despachos de relaciones públicas.

Unas presiones que llegaron a la propia clase médica, pues miembros del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo, organismo de referencia que aglutina a 40 sociedades médicas, fueron tanteados, según este libro, para colaborar con la industria en momentos en los que su papel era clave para influir en la orientación legislativa del Gobierno.

El último capítulo revela que en los tribunales españoles se han presentado una treintena de demandas por consumo de tabaco, principalmente de enfermos de cáncer o afectados del Síndrome de Buerger, enfermedad que deja de forma paulatina a los adictos al tabaco sin sus extremidades.

EFE/ Michael Crabtree

EFE/ Michael Crabtree

La investigación de Escolà, periodista de Efe, explica también la lucha en los tribunales de los enfermos de cáncer de laringe, que presentaron las primeras demandas colectivas contra las tabaqueras, y que tuvieron que ver cómo eminentes médicos apoyaron a las multinacionales del tabaco, como fue el caso del hoy presidente de honor de la Real Academia Nacional de Medicina, el cirujano Hipólito Durán, perito en una causa que llegó al Tribunal Supremo y que trabajó por encargo de Japan Tobacco Internacional.

A diferencia de EEUU, donde las tabaqueras tuvieron que afrontar multimillonarias indemnizaciones, en España y el resto de Europa ninguna sentencia ha sido favorable a los enfermos, ni siquiera la que mantuvo la Junta de Andalucía, la única administración que se atrevió a ir a los tribunales para ser recompensada por los gastos sanitarios de los enfermos fumadores.

En todo caso, para el autor, un ejemplo de que la lucha contra el tabaquismo debe continuar en España es que si bien la nueva directiva europea incorpora advertencias sanitarias en el 65 % de la superficie de los paquetes de tabaco, muchos otros países como Australia, Francia o Irlanda, ya han incorporado el empaquetado genérico -100 % de la superficie- porque “está demostrado que es eficaz para que los adolescentes no se enganchen”.

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Tres ex fumadores: adicción, envenenamiento y superación

Cansancio, fatiga, dolor de estómago, de cabeza, efectos en la dentadura, ansiedad, dependencia. Son algunas de las sensaciones que 3 ex fumadores tenían cuando todavía no eran ‘ex’. Con motivo del Día Mundial Sin Tabaco, 31 de mayo, nos cuentan sus historias y su relación con esta sustancia nociva.

La realidad es que, según el estudio ‘Rompe con la nicotina’ de la biofarmacéutica Pfizer, 7 de cada 10 fumadores españoles han intentado dejar de fumar al menos una vez en la vida.

Tal y como apunta este mismo estudio, el 82% declara que su principal motivo para abandonar el tabaco es la mejora de su salud y calidad de vida, seguido muy de lejos de otros aspectos como el gasto derivado del tabaco (7%) o el impacto del tabaco en la salud de sus familiares (6%). Y los protagonistas de este reportaje, ¿por qué lo han dejado?

María: “Cuando fumas pagas para envenenarte. Eres un drogadicto”

María González, periodista, empezó a fumar a los 16 años y lo dejó a los 40. “Terminé fumando dos cajetillas, primero negro y luego rubio”, explica.

”Decidí dejar de fumar porque me sentía muy mal, envenenada, tanto que por las noches tenía que tomar leche”, cuenta María.

Tuvo “dos neumonitis, una con 18 años y otra con 24”, aunque aún así, siguió fumando. Lo que le llevó a dejarlo fue el hecho de que antes de dormirse, cuando llegaba a casa por la tarde, se sentía tan mal que tenía que beber leche para mitigar la sensación de vivir envenenada.

Consiguió dejar de fumar “con mucho esfuerzo, varios intentos vanos, un año con chicle de nicotina y al año siguiente chicle normal”, explica, añadiendo que luego llegaron las “Juanola, y cuando vi que estaba libre dejé de tomar cosas”.

Un cenicero gigante con forma de pulmones ambienta la negociación sobre el control del tabaco en Ginebra, Suiza. Efesalud.com

EPA/Keystone/Olivier Born

Para María el tabaco es “una droga fortísima que lleva muchísimas sustancias que son veneno” y que se desconocían en su época.

Así se explica: “No me asustaba que me dijeran que el tabaco mata, porque me tengo que morir de algo; pero si hubiera pensado, por ejemplo, en la dentadura, que la tengo destrozada y estoy convencida de que ha sido por el tabaco, el estómago, y toda una serie de consecuencias que antes desconocíamos”.

Cuando dejas de fumar “ganas en salud”, señala la entrevistada. “Lo notas en la capacidad pulmonar, que además yo la tengo tocada por las dos neumonitis, en que no te levantas y acuestas con dolor de cabeza, te sientes más saludable”.

Además, la periodista explica que volvió a cogerle gusto a la comida, “porque cuando fumas te alimentas, no comes, no disfrutas” y la sinusitis, aunque la tiene crónica, también “mejoró mucho”.

“También dejas de ser un yonki, una persona esclavizada por el tabaco que hurga en la basura de casa buscando colillas y se levanta pensando en ese primer cigarro”, explica.

María le diría a los fumadores que “les están timando”, porque “pagas para envenenarte, eres un drogadicto, con consecuencias, además del riesgo de muerte, en tu calidad de vida”.

Fernando: “Tenía pesadillas con volver a fumar y me irritaba conmigo mismo por recaer”

Fernando Moreno, psiquiatra de profesión, empezó a fumar a los 14, hasta los 55 años. 30 cigarros al día, primero tabaco negro y luego rubio. Para él, dejar de fumar fue “una decisión totalmente casual”.

“Un día aparqué en frente de una tienda de cigarros electrónicos, entré y compré uno y empecé a usarlo y entonces me di cuenta de que podía sustituir al tabaco”, cuenta el entrevistado, añadiendo que progresivamente fue “rebajando la nicotina del cigarro electrónico hasta dejarlo definitivamente”.

Fernando siempre pensó “que iba a ser imposible dejar de fumar”, pero admite que se quedó “sorprendido de lo fácil” que le resultó, pues “lo había intentado otras veces y no aguantaba ni 3 horas sin fumar”.

Estar 40 años de la mano de algo tan “adictivo y tóxico para el organismo” hacía que se sintiera cansado, además de perder el sentido del gusto y el olfato, “expectoraba mucho, tosía, y ahora todo eso ha mejorado”.

“Cuando estaba nervioso lo utilizaba para tranquilizarme, y cuando estaba demasiado relajado lo utilizaba para activarme, algo totalmente contradictorio”, señala.

“Sentía malestar por no poder dejarlo. Cuando lo conseguí, al principio tenía pesadillas sobre que volvía a fumar y en el sueño me irritaba mucho conmigo mismo por recaer. Esos sueños ahora son muy ocasionales”, relata.

Para quien quiera dejar de fumar, el entrevistado recomienda que “por lo menos se lo proponga y lo intente”, y añade, “yo lo he conseguido después de 40 años y pensar siempre que no podría hacerlo”.

Isabel: “Me sentía saturada, como si ya me lo hubiera fumado todo”

Isabel Escudero, enfermera, fumaba desde los 17 años una cajetilla de tabaco negro diaria, aunque en eventos sociales podía llegar a dos. Ha estado más de 20 años fumando, ahora tiene 52 y asegura que dejarlo ha sido “lo mejor” que ha hecho en la vida.

“Decidí dejar de fumar porque empecé a ser consciente de que el tabaco me estaba haciendo daño” cuenta a EFEsalud la enfermera.

“Me sentía saturada, como si ya me lo hubiera fumado todo. Una sensación de que ya no podía fumar más porque no me entraba más, una sensación de saturación”, señala.

 EFE/Barbara Warton

EFE/Barbara Warton

Isabel no utilizó ningún sustitutivo para dejarlo. “Lo único que hice fue leerme un libro” que se lee en una semana, aunque ella tardó más de dos meses porque sabía que terminarlo suponía “dejar de fumar”, aunque al final lo hizo antes de acabar el libro.

Más que ansiedad o “mono físico” Isabel, el primer mes, sintió tristeza y ausencia.  “El tabaco te acompaña en todos los momentos: cuando estás contento, cuando estás triste, cuando vas a tener una conversación interesante, cuando tienes una velada fantástica con los amigos. Y de repente, algo que te ha acompañado mucho tiempo se va”.

Una sensación que pronto desapareció al darse cuenta de que con el tabaco “vivía con un permanente dolor de cabeza, de estómago, estado de cansancio”;  mientras que, al dejarlo, ya no se “levantaba con dolor de cabeza, no estaba cansada ni fatigada, me sentía activa y cuando hacía deporte quería más”.

Es consciente de que en su generación, “el tabaco ha sido una epidemia, hemos fumado prácticamente todos, algo aceptado socialmente” y sin saber las consecuencias. Isabel está segura de que, muchos cánceres que existen hoy día “tienen el tabaco como uno de los factores”.

Para poder dejarlo, subraya que lo importante es “la concienciación, querer dejarlo, fortaleza mental”, porque “si quieres lo vas a dejar, todo está en tu cabeza”.

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Nuevas drogas: de cutre fabricación y un grave problema de salud pública

“La imaginación al poder”. Investigadores de la Unidad Técnica de Policía Judicial (UTPJ) de la Guardia Civil definen así gráficamente a Efe la capacidad sin límites de creación de las denominadas Nuevas Sustancias Psicoactivas, las NPS, unos estupefacientes o psicofármacos que no están clasificados como drogas pero que plantean graves problemas de salud pública.

Y un negocio redondo para los “productores”, que por cada dosis, con un valor en el mercado de unos 20 euros, pueden obtener una ganancia neta de 12 euros.

Una simple multiplicación da idea del beneficio que se hubiera obtenido con la salida al mercado de las 160.000 dosis que la Guardia Civil incautó recientemente en dos operaciones -Alimaya y Koroway- desarrolladas en Alicante y Almería con 52 detenidos: casi dos millones de euros.

Se trata del mayor golpe a las conocidas como drogas de síntesis, cuyo consumo, aún no alarmante en España, está creciendo gracias a su menor coste. Inferior, por ejemplo, al de la cocaína, que a 60 euros la dosis triplica el valor.


Drogas que pueden provocar graves problemas de salud e, incluso, la muerte, como ocurrió con un joven en Vizcaya. O mareos, vómitos, dolores de pecho, náuseas y taquicardias, como los que sufrieron siete personas en la provincia de Cádiz tras consumir una especie de marihuana sintética.

No hay un número significativo de laboratorios de estas drogas en España. Alguno ha sido descubierto por la Guardia Civil, como el ubicado en Pedrezuela (Madrid) para “cocinar” pastillas de color verde en una batidora y en condiciones totalmente insalubres, tal y como pudieron constatar los agentes.

Al riesgo para la salud que supone el consumo de esas pastillas se añadía en este caso la total ausencia de higiene.

“Flaca”, “Caníbal” o “Superman”

Una batidora para la fabricación de nuevas drogas de síntesis. Efe/Guardia Civil

Una batidora para la fabricación de nuevas drogas de síntesis. Efe/Guardia Civil

La “flaca”, la “caníbal” o la “superman” son algunos de los nombres más conocidos de estas sustancias. Pero hay cientos, situadas legalmente en un “limbo” que permite una distribución más “libre”, ya que desde que se detecta hasta que se fiscaliza y se introduce en los listados internacionales de drogas ilícitas pasa un tiempo bien aprovechado por los delincuentes.

Englobadas en dos grupos -los cannabinoides sintéticos, con efectos similares a la marihuana, y las catinonas sintéticas, sustitutivas de las anfetaminas, el MDMA o la cocaína-, lo cierto es que estas drogas se elaboran con sustancias químicas de diversa índole, como explican los agentes de la Unidad Técnica de Policía Judicial.

China es el país donde se concentra más del 90 por ciento de la producción de esas sustancias, que son la base de la mezcla posterior y las que provocan el supuesto “bienestar” y “alucine” del consumidor. India es también productor, pero en una proporción menor.

El proceso no es complicado, resaltan los investigadores de la Guardia Civil. Los químicos son quienes crean una molécula sintética que simula el THC (el tetrahidrocannabinol, principal constituyente psicoactivo del cannabis) y a través de fórmulas químicas la van modificando e introduciendo nuevos radicales.

Y lo hacen así en un juego de “al gato y al ratón”, resaltan los agentes.

Cuando se detecta la sustancia y se incluye en las listas internacionales de fiscalización como drogas ilegales -la Convención única de 1961 sobre estupefacientes y el Convenio de 1971 de sustancias psicotrópicas-, los “químicos” ya han cambiado algún radical sobre la base de la primera y crean una nueva. Y así, hasta decenas de variaciones desde la misma base.

Desde China -que tras la presión internacional introdujo en octubre del pasado año y de golpe 116 sustancias en las listas de fiscalización- salen paquetes de ese compuesto que es difícil de detectar con los “narcotest”, que en general están preparados para drogas más comunes.

Es en laboratorios de países como Polonia, República Checa, Bélgica u Holanda donde se fabrican estas NPS, que, según sus características, se distribuyen en pastillas o en sobres y se ofertan en Internet o en muchas ocasiones en tiendas del tipo “Grow Shop”.

De colores y nombres llamativos, a veces con imágenes insinuantes, los sobrecitos a modo de infusión no recogen la composición de su contenido. Como mucho, y tras dejar claro que ofrece una sensación relajante, marca la edad de mayores de 18 años para consumirlo o recuerda su uso responsable.

Su persecución policial es algo complicada. Primero, porque ya en las propias aduanas no son detectadas fácilmente dada su composición, y después porque se venden por Internet desde páginas con servidores en otros países y porque se distribuyen a través de mensajería.

Y una vez descubiertas y comprobado por la Agencia del Medicamento que son nocivas para la salud, se colocan en ese limbo alegal hasta su inclusión en las citadas listas. Un proceso que suele tardar año y medio.

Mientras tanto, sólo podrá imputarse a su distribuidor un delito contra la salud pública, penado con entre seis meses y cuatro años de cárcel. Una vez fiscalizadas, podría añadirse el delito de narcotráfico.

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Radhika Jha: La compra compulsiva es una adicción similar al alcohol o drogas

“Vivimos en un mundo donde clavarse una aguja e inyectarse alguna sustancia está muy mal visto, pero para mí no hay diferencia entre esta adicción o consumir alcohol de forma habitual y comprar compulsivamente”, ha señalado Jha en una entrevista con Efe.

La novela gira en torno al personaje de Kayo, una joven tokiota que desarrollará una dependencia hacia la ropa cara y el lujo, con tal de escapar de una vida limitada al hogar, tras casarse y ser madre antes de los 21, una situación que la llevará a “perder su conexión con la realidad y el sentido de sí misma”.

La joven se introduce en el “culto a la belleza” de la mano de su amiga Tomoko, pero después de un terrible suceso, la protagonista consolida su afán por el consumismo y la moda en un episodio que la autora ha calificado como “la secuencia más fuerte y más enferma del libro” para ejemplificar lo que significa esta obsesión.

“Kayo podría haber sido perfectamente feliz, pero es esa adicción lo que hace que su vida explote”, ha indicado la escritora, que ha resaltado que su obsesión consumista está unida a un sentimiento de inferioridad “cuyas raíces se extienden mucho más atrás del momento en el que surge”.

Gente delante de escaparate de rebajas. Efesalud.com

EFE/Peter Steffen

Jha afirma que “la verdadera tragedia de un adicto es que sacrifica su identidad por el ansia que siente”, y así la protagonista se obsesiona con las grandes marcas de ropa hasta el punto de llegar a endeudarse y relacionarse con la ‘Yakuza’, la mafia japonesa, además de adentrarse en el mundo de la prostitución.

La dificultad de Kayo por superar su obsesión radica en considerarla como un problema ajeno a la familia: “Una adicción se suele ver como algo personal, que está dentro de la cabeza de quien la vive, pero en realidad también influye lo que tiene alrededor y por eso el problema continúa”, ha lamentado la autora.

La novela se convierte en una lección sobre el consumismo actual, donde la escritora entabla un diálogo entre el personaje ficticio y el lector, al que Kayo se dirige para contarle su historia y mostrarle los efectos de este trastorno.

Tokio como escenario

Tras libros como “Aromas” y “El olor del mundo”, la escritora y periodista india sitúa la trama de “Mi bella adicción” en Tokio, lugar en el que vivió seis años y en el que experimentó la sensación de “sentirse invisible” que refleja en el libro, una idea que parte tanto de sus experiencias en la ciudad como de un sueño que tuvo.

“En Japón, muchas amas de casa suelen ser bastante solitarias debido a que en su cultura no se suelen expresar los sentimientos y se dedican exclusivamente al cuidado de sus hijos porque las guarderías tampoco están bien vistas”, ha añadido Jha, que entabló conversaciones con varias tokiotas en torno al tema de las compras.

Además de descubrir las ‘family sales’, que son eventos organizados por compañías a las que las tiendas ceden los productos que les sobran y a los que solo se puede acceder mediante invitación previa, la sociedad japonesa impresionó a la escritora por los valores en los que se basa, como “el honor o la dignidad”.

Inspirada por el cineasta japonés Yasujiro Ozu, la autora de “Mi bella adicción” (Alianza Editorial) indica que esta novela será la primera de una trilogía sobre Tokio, con historias independientes, de las cuales ya está a punto de terminar la segunda entrega, que esta vez tratará sobre la relación entre padre e hijo y la emigración.

“La historia se ambienta en un templo sintoísta”, ha avanzado Jha, que ha destacado la importancia de esta religión frente al budismo y la ha considerado como “el pegamento que estructura y mantiene a Japón compactado, a pesar de que muchos templos están desapareciendo”.

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