Esperanzas y reveses en el desarrollo de fármacos para la ELA

La biotecnológica estadounidense Biogen ha trasladado recientemente a sus inversores -durante la presentación de su balance financiero en lo que va de año- que mantiene su importante apuesta por el eventual tratamiento de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA); tiene un ensayo pivotal y dos proyectos en desarrollo temprano, con lo que según la consultora especializada Evaluate se ha convertido discretamente en uno de los líderes en la búsqueda de una opción para la citada enfermedad.

No es la única compañía explorando este terreno, y la cartera global del sector revela futuros resultados a corto plazo en investigaciones de Brainstorm Cell Therapeutics, Gilead y Revalesio. También hay nuevos ensayos en marcha, lo que demuestra que las compañías no están permitiendo que algunos recientes reveses en este área las distraigan de su objetivo de abordar la hasta ahora intratable enfermedades de las neuronas motoras.

Entre los reveses, Evaluate recuerda los de Mallinckrodt, que el mes pasado interrumpió la fase II de su estudio Pennant con su H.P. Acthar Gel ante la advertencia de su departamento de monitorización de datos, y Biohaven ha recibido una carta completa de las autoirdades estadounidense por problemas en la fabricación de Nurtec, una formulación de riluzole, uno de los dos compuestos aprobados hasta ahora para esta enfermedad.

Líneas de investigación

Pero ninguno de estos reveses ha desanimado a Biogen, que dispone de dos líneas en investigación dirigidas a la forma genética de la ELA: tofersen, un anti-SOD1 mRNA, que previsiblemente arrojará resultados del ensayo pivotal Valor en 2021, al tiempo que su anti-C9orf72 oligo BIIB078 generará datos en fase I. Ambos los desarrolla en colaboración con Ionis.

Además, dispone de otro proyecto separado en fase I, BIIB100/KPT-350, licenciado de Karyopharm el año pasado. Se trata de una molécula pequeña, inhibidora de XPO1, un mecanismo que Biogen espera pueda frenar la progresión de ELA esporádica.

Esa primera revisión del compuesto tofersen es la que ahora se espera con más entisiasmos, aunque será precedida por los resultados de la terapia celular en fase III en el estudio NurOwn Program One, de la compañía Brainstorm.

Por último, un controvertido proyecto en fase avanzada es el de AB Science con masitinib, que ha estado en desarrollo como Masican para el tratamiento del cáncer. La UE ha rechazado el compuesto para ELA, pero los muy cacareados resultados positivos de su fase II/III han llevado a AB a intentar empezar de nuevo otro ensayo pivotal con 495 sujetos, en el segundo semestre de este año.

El informe de Evaluate señala que, por supuesto, los inversores tendrán en cuenta que la ELA sigue siendo una enfermedad sin tratamiento, como se ha demostrado en varios estudios fracasados a medio camino.

Otros fracasos

Más ejemplos de fracasos son los del ensayo en fase II con NSI-566, de la compañía Neuralstem, el de Genervon con la molécula GM604 y el de Medday con Qizenday. Los tres se interrumpieron en los últimos cuatro años y no hay noticias sobre nuevos planes con ningúo de ellos.

El estudio Fortitude, de Cytokinetics, con reldesemtiv fracasó hace dos meses; el compuesto se había seleccionado como una continuación de tirasemtiv, que también tuvo que interrumpir Cytokinetics hace dos años en otro ensayo para ELA.

Por contra, Bioelectron Technology, reclamaba el año pasado un triunfo a medio camino de desarrollo del EPI-589, un proyecto con una farmacología desconocida que según la compañía se dirige contra las enzimas oxidoreductasas, conocidas por ser cruciales en la regulación de la inflamación.

Además, Revalesio ha completado recientemente un estudio con el antagonista de GPCR conocido como RNS60 y Gilead dispone del antagonista del receptores de ácidos grasos libres Ranexa, cuyo ensayo terminará previsiblemente en octubre y que se basa en un compuesto disponible para la angina crónica.

 

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Nexo intestino-Parkinson: más evidencias refuerzan la hipótesis

El origen de la enfermedad de Parkinson puede estar en el intestino, desde donde se extendería al cerebro a través del nervio vago. Esta hipótesis se confirmaría en un modelo de ratón, desarrollado por un grupo de investigadores de la Universidad Johns Hopkins.

Entre los principales rasgos característicos de la enfermedad de Parkinson se encuentra  la agregación de formas mal plegadas de la proteína neural alfa-sinucleína y la muerte selectiva de las neuronas dopaminérgicos en la sustancia negra compacta.

Fue un neuroanatomista alemán, Heiko Braak, quien propuso en 2003, a partir de sus investigaciones sobre el cerebro humano post mortem, que la patología de la alfa-sinucleína puede propagarse desde el tracto gastrointestinal a través del nervio vago, hasta la sustancia negra compacta, donde eliminaría las neuronas dopaminérgicas. Desde entonces, se han publicado varios estudios que apoyan la idea, pero aún no se había mostrado en un modelo animal.

Finalmente, el grupo de científicos de la Universidad Johns Hopkins, encabezado por el profesor de Neurología Ted Dawson, ha desarrollado el modelo murino que respalda la tesis de Braak. Su descripción se ha publicado en Neuron.

Para ello, los autores inyectaron en ratón fibrillas preformadas de alfa-sinucleína en músculo gastrointestinal inervado por el nervio vago. “Al ver que los experimentos iniciales funcionaban, nos quedamos totalmente sorprendidos”, dice Dawson. “Ahora es una rutina para nuestro equipo”.

Un mes después de la inyección, la alfa-sinucleína patológica se había diseminado al núcleo dorsal del vago; a los tres meses, dicha proteína se había extendido del tronco cerebral al núcleo azul (locus cerúleo) e incluso alcanzó la amígdala, el hipotálamo y la corteza prefrontal. A los siete meses, ya se había extendido a otras regiones cerebrales, como el hipocampo, el cuerpo estriado y el bulbo olfatorio.

En este momento, se produjo una pérdida significativa de neuronas productoras de dopamina en la sustancia negra compacta y el cuerpo estriado. Además de las deficiencias motoras, los ratones de este modelo experimental exhibieron signos de depresión y ansiedad, alteraciones en el sistema olfativo y deficiencias cognitivas.

Modelo experimental del ratón, donde se observa la pérdida de cuerpo estriado.

En los ratones de este experimento a los que se practicó una vagotomía, no se registró la transmisión de la proteína patológica desde el intestino al cerebro, ni la muerte neuronal ni tampoco tales síntomas.

“Hay al menos tres implicaciones importantes en este estudio”, explica Dawson. “Uno: es probable que galvanice futuros estudios que exploren la conexión entre el intestino y el cerebro. Dos: estimulará las investigaciones centradas en los factores, moléculas o infecciones que podrían iniciar el plegamiento incorrecto y la propagación de la alfa-sinucleína. Y tres: sugiere tratamientos que podrían estar dirigidos a prevenir la propagación de la proteína patológica desde el intestino al cerebro”. Sobre este último punto, de hecho, ya existen estudios clínicos que han demostrado que una vagotomía troncal, un procedimiento quirúrgico específico en el nervio vago que generalmente se usa para tratar la úlcera, puede reducir el riesgo de enfermedad de Parkinson.

Estudio de ratones vagotomizados

Para María Gómez Eguilaz, del Servicio de Neurología del Hospital San Pedro, en Logroño, “quedan muchas incógnitas por aclarar, pero artículos como este ayudan a ir conociendo un poco más de la enfermedad de Parkinson”. La neuróloga resume a DM que el trabajo “apoya la teoría propuesta por Braak sobre la posibilidad del origen de la enfermedad de Parkinson en el intestino. Incluso va un paso más allá al estudiar a ratones vagotomizados, demostrando que en éstos no se produce la propagación de la alfa-sinucleína, por tanto, exponen la necesidad de integridad del vago como medio para que se produzca esa propagación. Y también muestran que es necesaria la presencia de alfa-sinucleína endógena para la producción de alfa-sinucleína patológica. En resumen, los autores proponen que el origen de la enfermedad estaría en el intestino y la necesidad de integridad de la vía intestino-cerebro para la producción de la enfermedad”.

Conexión intestino-cerebro

-Esclerosis múltiple

-Ictus

La neuróloga reconoce que estos investigadores se plantean varias hipótesis sobre cómo se produciría esta conexión, “que no llegan a resolver”. Y entre ellas, alude a las que “implican a la microbiota que tan de moda está”. La especialista recuerda que “hay estudios previos que relacionan la microbiota con la producción de agregados de alfa-sinucleína mediados probablemente por diferentes mecanismos inflamatorios. Lo cierto es que aún quedan muchos interrogantes abiertos”.

La propuesta de que la enfermedad se origina en el intestino abre puertas, no obstante, a posibles futuros tratamientos, según se vayan esclareciendo las diversas hipótesis etiológicas. “Y serían diferentes a los prescritos actualmente, ya que en base a este artículo, actualmente estaríamos tratando tarde y quizás no sea impensable poder tratar en un futuro con probióticos o incluso con agentes contra la inflamación”.

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Las fórmulas infantiles para los primeros días pueden no cubrir las necesidades nutricionales del recién nacido

Personal investigador de la Universidad de Oviedo que trabaja en un proyecto europeo para descifrar el papel de la nutrición temprana en la microbiota del recién nacido ha llevado a cabo un exhaustivo trabajo sobre composición de alimentos infantiles procesados, estudio que les ha llevado a concluir que las fórmulas infantiles para los primeros días pueden no cubrir las necesidades del recién nacido.

Para el desarrollo de este trabajo personal investigador de la Universidad de Oviedo y del Instituto de Productos Lácteos de Asturias (IPLA), que forman parte del grupo Dieta, microbiota humana y Salud, integrado en el Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias (ISPA) ha procedido a la elaboración de unas tablas con información nutricional de 568 productos.

Las tablas han sido publicadas en la revista Journal of Food Composiition and Analysis y se encuentran disponibles también en la web de la Universidad de Oviedo para su descarga libre.

Las bases de datos de composición de alimentos constituyen una herramienta fundamental para conocer la ingesta de energía y nutrientes de los distintos alimentos que consumimos, según explica Sonia González Solares, profesora del área de Fisiología de la Universidad de Oviedo, y una de las autoras del estudio, junto con Silvia Arboleya, Miguel Gueimonde y María Gómez Martín.

Base de datos sobre fórmulas infantiles

Sin embargo, las más utilizadas a nivel nacional no incluyen alimentos procesados especialmente diseñados para población infantil de 0 a 12 meses. Por ello el grupo de Dieta, microbiota humana y salud vio la necesidad de elaborar una nueva base de datos que recopilase la información nutricional de productos especialmente diseñados para ese tramo de edad.

Y para su elaboración procedieron a la agrupación en cuatro categorías como son leche materna, incluyendo aquí 11 tipos según el periodo de tiempo, fórmulas infantiles, cereales y papillas, y triturados infantiles.

En las tablas se detalla información sobre el contenido en energía, macronutrientes, micronutrientes, grasas y otros componentes como fructooligosacáridos, galactooligosacáridos y taurina.

El primer paso para la elaboración de estas tablas fue una búsqueda de los productos infantiles comercializados en grandes superficies, realizando fotografías del etiquetado nutricional y los ingredientes de cada productos. Con esa información, y con material complementario recopilado de las páginas web de las casas comerciales, se elaboraron las tablas en las que se detalla el contenido en energía, vitaminas, minerales y fibra, entre otros elementos.

En cuanto a algunas conclusiones que se han podido extraer tras la elaboración de las tablas, Sonia González señala que “la composición de casi todas las formulas infantiles es prácticamente igual, y solo cambia algún componente que se suele mencionar de forma expresa en el etiquetado”.

La composición de las fórmulas infantiles difieren en gran medida de la composición de la leche materna

Un aspecto significativo es que  las fórmulas para los primeros día “pueden no cubrir las necesidades del recién nacido, ya que difieren considerablemente de la composición media de la leche materna en los primeros días o calostro, y están pensadas para un rango de edad muy amplio que va de 0-3 meses”.

Con respecto a los potitos los investigadores observaron que “presentan muy poca información sobre vitaminas, fibra u antioxidantes”, y respecto a los cereales infantiles, consideran oportuno resaltar que “una ración cubre una buena parte de las cantidades diarias de hidratos de carbono del bebé”, explica Sonia González.

Útil para sanitarios y para la población

La información de las tablas puede ser útil para pediatras o personal investigador que quiera profundizar a nivel de nutriente, según señala esta profesora de la Universidad de Oviedo, así como para la ciudadanía en general que tenga interés por comparar los productos que hay en el mercado a la hora de elegir el que prefieren. Así las tablas permiten comparar por categoría de productos el contenido en energía, hidratos de carbono, lípidos, proteínas y vitaminas, entre otros.

El proyecto europeo en el que se enmarca este trabajo, JPI (EarlyMicroHealth), tiene como objetivo analizar el impacto de la dieta de casi 200 niños y niñas desde el nacimiento hasta los dos años de vida.

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¿Se puede curar al ‘Dr.Google’?

Vacunas que producen autismo, pintalabios que provocan cáncer y limones que son capaces de prevenirlo, patatas que curan el dolor de espalda, paracetamoles que contienen virus mortales, sopas quemagrasas y antigripales que provocan hemorragias cerebrales… Siempre ha habido bulos e informaciones alarmistas sobre salud.

El debate sobre la conveniencia de poner puertas al campo en internet en lo que a información sanitaria se refiere no es nuevo, lleva casi dos décadas sobre la mesa. Pero la extensión del uso de redes sociales, que son capaces de dar voz al mismo nivel a cualquier individuo particular que a instituciones solventes, sociedades científicas o medios de comunicación y convertir en viral su mensaje sin importar su contenido, ha reavivado el debate. A ello se ha sumado además el problema que genera la dictadura de los algoritmos de Google, que con frecuencia premian (y retroalimentan) lo popular por encima de lo veraz. Y todo ello, en un contexto de crisis de representatividad que viven las instituciones, de credibilidad que sufre la prensa y de transparencia que afronta la ciencia, lo que ha acelerado la necesidad de un debate social sobre cómo combatir la infoxicación sanitaria.

Casos como la extensión del mensaje de los movimientos antivacunas o rifirrafes como los vividos alrededor de la regulación de la homeopatía han dejado claro que las reglas de juego han cambiado y que el sistema aún no está preparado para dar respuesta a esta nueva realidad. Algunas iniciativas particulares como #SaludSinBulos, lanzada por la Asociación de Investigadores en eSalud para combatir las informaciones erróneas que circulan sobre salud, han tenido una rápida y buena acogida entre la comunidad científica, en la comprensión de que sólo con compromiso y proactividad puede llegar a darse respuesta a una situación que amenaza ya con convertirse en un problema de salud pública.

El 40 por ciento confía en lo que lee en la red

Los datos del Observatorio Nacional de Telecomunicaciones dejan claro que más de la mitad de la población se informa sobre salud en internet y el 22 por ciento también en redes sociales. Y aunque no den credibilidad absoluta a lo que allí leen, casi el 40 por ciento sí confía en lo que le cuenta el Dr. Google.

¿Qué hacer en tal caso? ¿Sería legal y proporcionado prohibir cierto tipo de mensajes falaces sobre salud o representaría una forma intolerable de censura? ¿Es viable perseguir esos mensajes? ¿Habría que acreditar en su lugar la información veraz sobre sanidad y redirigir a la población hacia ella? ¿Quién tendría autoridad para acreditar: las sociedades científicas o las instituciones? ¿Cómo conciliar esas acreditaciones con la necesaria transparencia e independencia de intereses comerciales o políticos? ¿Y cómo casar los tiempos de respuesta de las instituciones con el frenético ritmo de las noticias y las redes sociales?

El sentir general de sociedades científicas, asociaciones de pacientes, juristas y bioéticos es que, como mínimo, la solución exige ser más proactivos para desmentir bulos pero también desarrollar fórmulas de acreditación de webs e informaciones contrastadas.

¿Haría falta una mayor regulación?

Aun asumiendo que prohibir no es la vía más adecuada, Vicente Baos, médico de Familia y miembro del Observatorio de Pseudoterapias de la Organización Médica Colegial, sí reclama como solución algo más de regulación. En su opinión, “el problema está en las terapias peligrosas o falaces. Es difícil regular sobre ello, pero debería hacerse. Igual que el enaltecimiento del terrorismo o las ofensas a las víctimas se han regulado, la promoción que suponga un riesgo deberían regularse (antivacunas). Para ello, los ministerios de Sanidad y Justicia deberían hacer propuestas. No es fácil, pero deberían intentarlo”, afirma.

Rogelio Altisent, presidente del Comité de Bioética de Aragón, explica al respecto que “tampoco se puede pretender regularlo todo; no sería realista. En mi opinión hay que hacer pedagogía social para explicar que no conviene creerse cualquier comentario o noticia de salud si no viene avalado por instituciones responsables. Hay por tanto mucho trabajo por hacer desde los colegios profesionales, las sociedades científicas y el propio SNS”. Sin embargo, para Altisent, “donde sí se puede mejorar la regulación actual es en la gestión de los conflictos de interés y la obligación de transparencia de quienes dan o avalan la información”.

Mirandola ley actual, Javier Moreno, socio director del despacho de abogados LexMor, tampoco ve viable la prohibición de esta clase de mensajes: “Las actividades de limitación no son la solución”. En su opinión, dependiendo de quién sea el emisor del mensaje “es posible y eficiente la autorregulación, como muestra el Código de Buenas Prácticas de la industria farmacéutica o el Código de Deontología Médica”. Junto a la regulación, apela también a sistemas de acreditación que “pueden ayudar a ordenar la información sanitaria en internet, preferentemente si proceden de colegios y sociedades profesionales”.

Garantizar la calidad

A este papel protagonista de las sociedades en la acreditación de la calidad de la información se refiere también Fernando Carballo, presidente de la Federación de Asociaciones Científico Médicas (Facme): “La cuestión no es restringir la información, sino garantizar la calidad. Por eso el camino debe ser la vigilancia de lo publicado, una decidida capacidad de comunicación social de lo que resulta falso, inadecuado o engañoso y una acción proactiva de información sobre salud rigurosa, bien orientada y con marchamo de calidad científica y ética. Dos grandes pilares para conseguir esto son las organizaciones profesionales y la prensa, tanto especializada como general. Es un tema que desde luego merece la pena ser tratado en el Foro de la Profesión Médica, sin perjuicio de hacerlo también en el de las Profesiones Sanitarias”, afirma.

Y es que, según Jesús Álvarez Mazariego, del Grupo de Comunicación Médico-Paciente de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), lo más importante para acabar con los bulos “es evitar el anonimato de la fuente. Una correcta identificación y, sobre todo, la acreditación por instituciones responsables (Estado, sociedades científicas y colegios profesionales) podría ser la vía correcta”.

José Luis Llisterri, presidente de Semergen, va más allá de la acreditación y propone crear una suerte de defensor del paciente en internet. En su opinión, “si seguimos sin establecer un límite bien definido la infoxicación se convertirá en un problema de salud pública donde los médicos no sólo tendremos que trabajar por la prevención y tratamiento de las enfermedades, sino que también deberemos en nuestras consultas desmitificar y desmentir informaciones erróneas y sin base científica. Limitar estas informaciones debería venir desde la propia Administración. Por ejemplo, al igual que existe un Defensor del Pueblo, también se podría crear la figura de un defensor del e-paciente que vigilara que los pacientes pudieran acceder a información científica y contrastada”.

Recobrar la confianza en la ciencia y las instituciones

El problema, con todo, va más allá de la acreditación o la vigilancia de los bulos; es la propia credibilidad tanto de las fuentes de información como de quienes podrían ser los acreditadores de la información. Así lo cree Abel Novoa, coordinador del grupo de bioética de Semfyc y presidente de la plataforma NoGracias, para quien “la ciencia tiene un problema de credibilidad que ha dado alas a otras fuentes de conocimiento y el problema no se solucionará limitando el acceso a esas fuentes alternativas sino recobrando la confianza social”.

En su opinión, “el saber se ha pluralizado y descentralizado y, paradójicamente, como dice Innerarity,la sociedad del conocimiento ha acabado con la autoridad del conocimiento, y este nuevo contexto tiene otras reglas. La acreditación por parte de un órgano regulador podría ser una solución si la cantidad de conocimiento que se produce no fuera tan gigantesco y las salvaguardas regulatorias no hubieran fracasado tantas veces”.

En ausencia de un sistema viable de acreditación, “la confianza se debe ganar en el terreno de la argumentación pero reconociendo que no vale eso de esto lo dicen las evidencias, porque las evidencias tienen límites tanto en su fiabilidad como con su capacidad de abordar la complejidad. La única manera de reducir la incertidumbre es mediante procesos deliberativos y participativos que legitimen las decisiones, sobre todo en cuestiones públicas. Esa tarea de legitimación nos compete a todos y es tan importante la entrevista respetuosa del pediatra con una familia que reconoce dudas vacunales como la existencia de sociedades científicas independientes y transparentes”, concluye.

 

 

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Gobierno y Farmaindustria hablarán de la innovación biomédica en Santander

Los días 5 y 6 de septiembre  se celebrará en Santander, en el marco de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, el XIX Encuentro de la Industria Farmacéutica Española, organizado por la patronal de la industria farmacéutica innovadora, Farmaindustria, donde representantes del Gobierno, la industria farmacéutica, las sociedades científicas y gestores sanitarios, entre otros, analizarán los recientes avances de la investigación biomédica y la incorporación de sus últimos desarrollos, como las terapias génicas, al Sistema Nacional de Salud. La conferencia inaugural correrá a cargo de la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto.

A la cita acudirán responsables tanto del Gobierno central como de los autonómicos, así como presidentes de sociedades científicas, investigadores y representantes de la industria farmacéutica, que analizarán la llegada de las innovaciones farmacoterapéuticas más recientes tanto desde el punto de vista clínico como económico y social.

Según fuentes de la industria,  es importante una  cada vez mayor comprensión de los fenómenos bioquímicos y fisiológicos subyacentes a las enfermedades y la identificación de dianas terapéuticas cada vez más específicas ha dado lugar, en los últimos años, a un desarrollo sin precedentes de la genética, la genómica y la biotecnología que ha hecho posible, a su vez, la aparición de nuevas terapias encuadradas en lo que se ha venido a denominar medicina de precisión. Abordar la realidad de estos avances biomédicos y, sobre todo, cómo deben incorporarse al Sistema Nacional de Salud. 

Junto  a los retos que plantea la innovación que llega y los procesos que la aceleración de la investigación en salud están planteando, en el Encuentro se hablará de las posibilidades que ofrecen las nuevas técnicas de datos masivos (big data) y, por otro, primeros ejecutivos de compañías farmacéuticas debatirán sobre cómo impulsar la inversión en España.

 

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Pseudociencia, el lado oscuro: radical

«Si la raíz es fuerte, el árbol sobrevive» (Sr. Miyagi, Karate kid III: el desafío final). En la lucha contra las pseudociencias es común cruzarse con varias preguntas recurrentes como «¿Cuáles son las más propuestas más peligrosas?», «¿Por qué las metéis todas en el mismo saco?», «¿Por qué no se denuncian con el mismo ahínco los desmanes de la farmafia?» o «¿Por qué no se denuncian prácticas sanitarias convencionales que no han pasado por una validación del más alto nivel?».

Todas ellas son preguntas muy pertinentes, cuya respuesta detallada puede ser muy complicada, pero en general pueden explicarse mejor cuando bajamos de las hojas del problema y atendemos a su raíz.

Y el problema no es la homeopatía, o la acupuntura, o en general ninguna propuesta concreta que la pseudociencia o la mala ciencia nos haya intentado colar. El germen de base del problema que permea y simplifica su comprensión y lucha es la desinformación en salud. Repetido por activa y pasiva en anteriores entradas, los riesgos a los que todos estamos abocados ante una información incorrecta en salud son, en el mejor caso, que nos estafen, y en el peor, que nos maten.

No es cierto que la lucha contra la pseudociencia deje de lado la lucha contra los desmanes «del sistema»; por ejemplo, no dejamos de recomendar la lectura de Mala ciencia, de Ben Goldacre y el apoyo a iniciativas como www.alltrials.net para mejorar la información con la que un profesional sanitario pueda contar a la hora de prescribir un tratamiento y disminuir en lo posible las trampas que puedan intentar darse al exponer los beneficios o efectos secundarios de una propuesta cualquiera, gracias a disponer de la totalidad de los ensayos clínicos realizados en su proceso de investigación.

 No es cierto que la lucha contra la pseudociencia deje de lado la lucha contra los desmanes «del sistema»

Lo que ocurre es que ciertas propuestas son tan burdas que, con una formación mínima, es fácil detectarlas y señalarlas, mientras que otras son mucho más sofisticadas y requieren de un nivel de capacitación (y acceso a cierta información) mucho más exquisito. Y si no logramos deshacernos siquiera de las propuestas cutres, pueden imaginar la esperanza que podemos tener en erradicar las más elaboradas.

Antes he dicho «disminuir las trampas» y no «evitarlas» por la misma razón por la que siempre hablo de que el método científico trabaja para minimizar sesgos, pero no garantiza que se eviten por completo. Porque forma parte de la naturaleza humana el ser falibles, el movernos (a consciencia o no) por diversos intereses, el albergar disonancias cognitivas que nos permitan conciliar dos posturas contrapuestas… y el tender a sobresimplificar situaciones, pasándonos de radicales a veces.

Evidencia vs pseudociencia

Por ejemplo, al entender la ciencia como un dogma escrito en piedra, o considerar un metaanálisis como la prueba irrefutable de que algo tiene (o no) validez. La filosofía tras la medicina basada en pruebas lo que pretende es que un profesional cuente con la mejor base posible a la hora de decidir un tratamiento. En ocasiones, ese tratamiento puede resultar tener detrás poco o nulo trabajo de investigación publicado (por ejemplo, en enfermedades raras). Eso no significa que un profesional se tenga que quedar de brazos cruzados ante esa situación; siempre con el «primum non nocere sonando de fondo, tendrá que aplicar sus conocimientos teóricos, su mejor experiencia clínica, y aún la intuición, usando los posibles estudios a modo de brújula, no de barrera infranqueable. Mientras se informe convenientemente al paciente de sus circunstancias específicas, su derecho a la autodeterminación terapéutica seguirá intacto.

Un principio del avance científico es, de hecho, que todo es revisable y debe ser revisado. Las investigaciones de vanguardia se hacen, por definición, en el terreno de lo desconocido. Y un principio de la condición humana es intentar arrimar la sardina a nuestra ascua; algo que no necesariamente requiere de mala fe, y a menudo no concurre. Por ejemplo, desde un parado que decida hacer un curso de «formación» en alguna pseudoterapia para intentar ayudar a la gente y de paso pagar la hipoteca (o viceversa), hasta un laboratorio que aplique un precio a un producto eficaz que le permita rentabilizar la multimillonaria inversión en muchas otras ramas infructuosas.

Pero la realidad siempre es más compleja que todo eso, y mucho más fea. Siempre hay quien no tiene miramientos en maquinar estrategias para colar hasta la cocina del sistema un producto que no es tan efectivo como promete (o no es tan distinto a otros más baratos, o simplemente no aporta nada en ese contexto sanitario) o piensa que si alguien es tan tonto de creerse la milonga que le cuenta, su dinero estará mejor cuidado en la cartera del charlatán. Puede que esas decisiones dependan hasta de la situación del momento en concreto en el que se encuentren sus promotores.

En cualquier caso, ante este desafío uno espera que, al más alto nivel, haya gente sensata y preparada (en ciencia, mala ciencia y pseudociencias, además de en tretas coercitivas), capaz de entonar un firme “No puedes pasar” por muchas presiones que reciban, ya sea de tipo económico, de “aceptación popular” u otras.

Desconozco, aunque intuyo, si existen o no estos garantes cualificados. Sin embargo, sí sé que la lucha contra las pseudociencias y la mala ciencia es la lucha contra las pulsiones humanas, su irracionalidad y su voracidad predadora. Una lucha eterna y quizá perdida de antemano, pero que merece la pena luchar, por todo lo que nos va en ello.

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Ayuso promete reducir a la mitad las listas de espera

La candidata del PP a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Isabel  Díaz Ayuso, ha reafirmado en su discurso de investidura este martes su compromiso con la atención sanitaria universal. ” La salud universal sigue y seguirá siendo un reto, porque tener la segunda mejor Sanidad de toda Europa y la mayor esperanza de vida del mundo no es suficiente; somos muy ambiciosos”, ha afirmado Díaz Ayuso.

“Tan ambiciosos que nos proponemos ⎯y es un reto muy difícil⎯ reducir las listas de espera a la mitad“, ha añadido y precisó “vamos a seguir humanizando los servicios sanitarios, especialmente en las áreas de cuidados intensivos, oncología, neurología, cuidados paliativos y pediatría. Pasando por toda una serie de planes, algunos de ellos ya mencionados, sobre salud mental, drogas y adicciones, cuidados paliativos, o la conciliación del personal sanitario y de pacientes ingresados, con la ampliación del servicio de guarderías”.

También ha defendido una mayor dedicación a la Atención Primaria: “Modernizaremos y reorientaremos la Atención Primaria para contar con unos servicios más accesibles y orientados a los ciudadanos, para que médico y paciente dispongan de más tiempo de consulta, y con el reconocimiento e implicación de todos los profesionales que la hacen posible. Así, avanzaremos en el proceso de estabilización de plantillas en el Servicio Madrileño de Salud y reduciremos la carga burocrática del personal sanitario”.

Libre elección de médico y centro

Tal como anunció en su campaña electoral, la candidata ha querido resaltar su compromiso con “seguir garantizando la libertad de elección de los madrileños de hospital, centro y profesional sanitario, pero también que la Sanidad continúe siendo de atención gratuita, universal, que cumpla con criterios de máxima calidad y vanguardia, sin dejar de mantener su cercanía, para que la asistencia sanitaria se adapte cada vez más a las necesidades de los pacientes y sus familias”.
En esa dirección prometió fomentar que, con la tarjeta sanitaria única, “los madrileños tengan los mismos derechos de asistencia sanitaria en toda España, y viceversa. A su vez, buscaremos la firma de acuerdos u otros protocolos que ayuden a acabar con el turismo sanitario”.

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Las redes sociales deprimen por su hipocresía

Al igual que ese mundo esbelto, sonriente, de playas limpias y ofertas tentadoras que presenta la publicidad, las redes sociales también escamotean alegremente los lados oscuros de la vida. Aunque acogen todo el espectro vital, abundan las vacaciones fantásticas, las fiestas maravillosas, los niños adorables y las comidas sabrosísimas. La mayoría de usuarios muestran sus éxitos y sus diversiones, y maquillan sus lunares, derrotas y defectos. Lejos de animarles, estos reflejos positivos pueden generar síntomas depresivos en adolescentes que comparan sus vidas con lo que ven compulsivamente en Instagram, en Facebook o en la televisión.  

Es una de las conclusiones de un estudio realizado por un equipo del CHU Sainte-Justine y de la Universidad de Montréal, dirigido por la psiquiatra Patricia Conrod y que se acaba de publicar en JAMA Pediatrics. Analizaron a casi 4.000 adolescentes canadienses de 12 a 16 años que formaban parte del ensayo Co-Venture. Tenían que informar del tiempo que pasaban frente a las diversas pantallas -redes sociales, televisión, videojuegos y ordenador- y responder a cuestionarios sobre posibles síntomas depresivos. Durante cuatro años se evaluaron estos datos con otras observaciones conductuales. “Nuestra investigación revela que el aumento del tiempo empleado en algunas formas de medios digitales predice los síntomas depresivos”, afirma Conrod. “La identificación temprana de la vulnerabilidad a la depresión da a los médicos y padres margen para intervenir, regular los abusos digitales y establecer medidas correctoras“. La relación era más evidente con las redes sociales y la televisión, y menos acusada con los videojuegos y los ordenadores. Según los autores, al reducir su participación en relaciones directas o actividades físicas, las comparaciones sociales indirectas a través de las redes se asocian con menor autoestima y más síntomas depresivos, originando una espiral de refuerzo en personas más vulnerables y que más tiempo dedican a estas redes.

Los resultados son consistentes con hipótesis previas sobre cómo se desarrolla la depresión. “Las redes sociales y la televisión exponen con frecuencia a los adolescentes a imágenes de otros que operan en situaciones más prósperas, tienen cuerpos más perfectos y un estilo de vida más emocionante o rico. A partir de la teoría de las espirales reforzadas, las personas buscan y seleccionan información congruente con su estado de ánimo. Y las redes crean y mantienen bucles de retroalimentación al sugerir contenidos similares a los usuarios en función de sus comportamientos de búsqueda”.

La falacia digital

Este análisis coincide con otro publicado en julio en Behavior & Information Technology por el equipo de Phillip Ozimek, de la Universidad Ruhr de Bochum, en Alemania: los que visitan las redes con frecuencia pueden ver afectada su autoestima y desarrollar síntomas depresivos al pensar que todos son mejores que ellos. Mediante un estudio experimental y dos cuestionarios, dos grupos de voluntarios escribieron sus impresiones sobre las primeras cinco personas que vieron en su muro de Facebook o en el sitio web del personal de la Facultad de Teología de la universidad. Un tercer grupo quedó al margen. Luego, los tres grupos –alrededor de 800 personas- completaron un cuestionario con información sobre su autoestima. “Enfrentarse a la información social en internet, selectiva y favorable, ya sea en Facebook o en los sitios web de los empleados, conduce a una menor autoestima“, informa Ozimek. Y como la baja autoestima está estrechamente relacionada con los síntomas depresivos, incluso este efecto a corto plazo puede ser una fuente potencial de peligro.

Es decir, existe una correlación positiva entre el uso pasivo de Facebook, en particular, y los síntomas depresivos cuando se comparan las habilidades, las vacaciones, los negocios o las compras, “mientras que todo lo que veo fuera de la ventana de mi oficina es gris y está nublado”, resume Ozimek. “Y si experimento esto día tras día, una y otra vez, se promueven las tendencias depresivas a largo plazo”. De todos modos, matiza que “no es el uso de las redes sociales lo que lleva o está relacionado con la depresión, sino que ciertas condiciones previas y un tipo particular de uso aumentan el riesgo de tendencias depresivas. Es importante por eso aclarar que la impresión de que todos los demás están mejor que uno mismo es una falacia absoluta. De hecho, muy pocas personas publican en las redes sociales experiencias negativas. Sin embargo, el hecho de que estemos inundados de estas experiencias positivas en internet nos crea una impresión distorsionada”.

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